Innovar es una Ética

Pensemos el innovar por fuera de la teoría y la historia. Sin quedarnos en abstracciones ni ejemplos validados en el diario del lunes. Pensemos el innovar desde la experiencia del innovador, el insatisfecho no patológico que busca completar huecos, que se hace cargo de la diferencia entre su expectativa del mundo y el mundo donde realmente vive.

Muchos ven de ese modo, pero pocos actúan. La voluntad de arrojarse a lo real de cabeza es compleja. Requiere un evento fundante, chispa de lucidez que transforma nuestro logueo en el mundo.

La innovación aparece como un Big Bang. Explota de pronto en el universo íntimo de alguien. No podemos diseñar los dónde, cuándo y cómo. Shift Happens.. de pronto.

Sí podemos nutrir nuestra existencia de complejidad: preguntar por default; interrogar por deporte; aceptar entusiasmos culturalmente incorrectos; pasar la red de la curiosidad y ver qué sale. Acopiar caos hasta que, en algún momento, se haga la luz.

Innovar es un modo de habitar. Una estética de la existencia. Implica un placer en el Ser y Hacer por fuera de lo establecido. Encarnar la vanguardia para ser partero del sentido común emergente. Armonizar pasado-presente-futuro en una intención productiva.

Lograr coherencia en la existencia es distintivo del Homo Eticus. Más allá del juicio ocasional que hagamos sobre acciones concretas. Aprender de Nietzche que todo lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal.

Innovar es una ética que exprime la moral. Aunque para otros sea una tortura.

La ética de Olé

El sábado pasado jugaron Independiente y Chacarita. El único gol del partido llega después de un corner que se dió por rebotar la pelota en el línea.

Esta es la jugada.

¿Qué dice Olé al respecto?

“el balón no alcanzó a salir, porque el asistente Gustavo Esquivel se dejó sorprender por el rechazo. Entonces, impidió que la pelota siguiera su curso natural. Es decir, era lateral, pero no lo fue, porque la pelota terminó saliendo por la línea de fondo.”

“Esquivel acompañó la trayectoria de la pelota y cobró córner. Porque el último futbolista que había tocado la pelota era de Chacarita. Si hubiera tenido más “muñeca”, el línea habría cobrado saque lateral. Y se quitaba un problema de encima. Reglamentariamente es correcto, aunque lo que puede cuestionársele al línea es su ubicación.”

¿Qué es tener muñeca? ¿Qué problema se podía sacar de encima? Lo que podemos leer en esta nota no es sólo un relato de lo sucedido. También se nos aparece, de modo explícito, la ética que Olé proyecta.

El línea no se quedó con un problema por cobrar el corner. Todo lo contrario, lo hubiera tenido en caso de usar la muñeca del periodista.

La pelota no tiene un curso natural. Lo que Olé niega es el lugar y autoridad del arbitro como tal. Se pone en el rol de juez del juez y pretende hacer justicia mostrando culpables. Lateral y corner no son jugadas dadas. Son fallos de quien tiene la autoridad de fallar. Lo vemos cuando se discute la intención en los penales por mano. No es si el jugador tuvo o no la intención. Sino el juicio del árbitro respecto de eso.

Jorge Lanata dijo en los ’90 que el periodismo ocupa lugares de justicia cuando investiga y hace lo que el Poder Judicial debería.

En este caso Olé, ante todo, es okupa del espacio. Se mueve cómodamente en un discurso que lo acerca al espectador y aleja del periodismo.

Dios existe, y debe morir

En un posteo anterior me refería al mundo que se desprende del acto de creer, bien distinto del pensar.

Max Weber describe el desencantamiento del mundo como un proceso necesario para la consolidación de la sociedad moderna. Un paso suficiente para lo moderno, pero escaso para hoy. Algunos encantos perduran y son columnas fundamentales que sostienen la Edad de Bronce en pleno siglo XXI.

Creencias de todo tipo fueron transformadas en el tiempo, es cuestión de observar la evolución de las ciencias, las genealogías de lo social, etc.

¿Qué falta para perder el miedo a una existencia humana? Sin dioses ni caprichos trascendentes; sin ignorancia fomentada desde un púlpito ni desprecio por experiencias ajenas a las explicaciones divinas. El mundo está lleno de personas que, sin hacerse preguntas, creen tener todas las respuestas. Se esconden detrás de derechos modernos como libertad de culto y expresión.

¿Donde queda la responsabilidad ante las propia creencias? El valetodo con el que tan mal comprenden -y critican- los creyentes a la posmodernidad, termina siendo el escudo con el que se niega la posibilidad de que todo sea distinto. Es en este argumento donde se juega con la culpa. En ese terreno dios siempre es local.

Lo que está en juego en este terreno es la ética. No como algo dado y preestablecido, sino como una construcción personal. Una elección intransferible que emerge en cada actuar.

Dice Daniel Dennet:

“es necesario que los que no creemos en supersticiones hablemos, cuando podamos, en contra de ellas. El respeto que debemos a las personas no se extiende a las ideas. Si son ridículas o dañinas, las ideas religiosas deben ser atacadas y expuestas.”

Amén