Internet, La Nueva Provincia y los catedráticos cavernícolas

Hay gente que no logra entender el fenómeno de internet. Dentro de esa categoría encontramos los que reconocen su ignorancia y, desde luego, desinterés; y aquellos que pretenden dar cátedra de cómo son las cosas.

En La Nueva Provincia de hoy, 20-11-2009, se publica un claro ejemplo:

*está copiado de una web, será una carta real o un copiado y pegado sin consulta?

Parece que algunas comunidades (autónomas agrega el blog) pretenden superar el fracaso escolar facilitando ordenadores a todos los alumnos. No seré yo quien niegue su utilidad pedagógica, pero es evidente que su empleo principal, ligado a su conexión con Internet, presenta, junto con muchas ventajas, bastantes peligros.
Por ello, es conveniente que los posibles usuarios (también sus padres y profesores) aprendan a aprovechar sus posibilidades y a evitar esos peligros que entraña la navegación por la red de redes. Y lo primero a este respecto es conocer cuáles son. Pueden señalarse unos cuantos.
1) La pérdida de tiempo. El pasarse horas y horas navegando sin buscar un objetivo concreto, sólo para divertirse, adquirir nuevas experiencias o satisfacer la curiosidad sobre los temas más prosaicos o intrascendentes.

Divertirse, adquirir nuevas experiencias y satisfacer la curiosidad no es una pérdida de tiempo. El sistema escolar fracasa por olvidar la importancia de estos factores. Que los temas sean intrascendentes es un juicio vacío. Bien se puede aprender a cultivar albahaca o arreglar relojes de arena. Si se hace siguiendo la propia inquietud es válido, sobre todo en edad escolar.

2) La “diarrea mental”. Todo el mundo sabe lo que pasa cuando se comen en exceso alimentos que el organismo no está preparado para digerir. Lo mismo puede ocurrir cuando, a través de la red, se está al alcance de una cantidad tan grande de información, si no se tiene la formación suficiente para asimilarla y contextualizarla. Entonces, más que contribuir a formar, lo que origina es confusión mental.

La diarrea es una de las principales causas de muerte en el Tercer Mundo. No se produce por exceso de alimentos sino que es una enfermedad.

Por otra parte, siempre estamos al alcance de mucha información. Internet, bibliotecas, TV, personas, etc. La información es sólo eso, datos. La educación pretender construir conocimientos, fundado en la información y formado en la experiencia. En este marco la confusión es fundamental. De hecho, el cuestionar significados y estructuras es clave para aprender.

3) Deterioro del lenguaje. La rapidez con que se transmiten los mensajes, la inmediatez en la comunicación y la generalización de términos propios del medio pueden contribuir a que se cuide poco la ortografía, la sintaxis y que se utilice un léxico poco apropiado.

El lenguaje no es su ortografía, sintaxis y léxico. Es un fenómeno biológico-cultural complejísimo. Nada más bastardo que el lenguaje en la historia de la humanidad. Su transformación enriquece.

4) En vez de ir a…, dejarse llevar a… no se sabe dónde. Se puede tener poco control sobre uno mismo estando conectado, y, entonces, la voluntad es arrastrada por lo que va apareciendo en pantalla. No se actúa racionalmente, sino de forma compulsiva.

Desde Freud es complicado sostener que tenemos control sobre nosotros. De todos modos, la voluntad no es arrastrable, seguimos los links que nos interesan. Tiene que ver con el deseo más que con la razón. Somos seres racionales, pero no sólo eso.

5) Desinhibición y una cierta forma de esquizofrenia. Es un peligro al que están expuestos los que participan mucho en “chats”; especialmente, los adolescentes. El anonimato que caracteriza esta forma de comunicarse propicia que cada uno diga lo que le parezca sin ningún tipo de inhibiciones, que se mienta mucho, que se fantasee y que se adopten falsas personalidades que pueden acabar creyéndose que realmente es la propia. Y eso, en el argot psiquiátrico, se llama esquizofrenia.

La identidad es un fenómeno muy complejo. No somos uno e indivisible, sino muchos y contradictorios.

La existencia de un espacio sin inhibiciones, donde se juegue con la personalidad, es positivo. Cada usuario desarrolla lo propio.

Por otra parte, en internet no se miente ni más ni distinto que en otros espacios. Es la gente quien miente.

Que se sospeche y tenga miedo de lo ignorado es reaccionario. Y eso, en el argot psiquiátrico, se llama paranoia.

6) Adicción y aislamiento. Cuando uno no domina el medio, puede acabar dominado por él. Hay muchas personas que están “enganchadas” al navegar, como quien está dominado por la droga o por alguna ludopatía. Ello puede originar cambios radicales en el comportamiento: aumenta la soledad y el aislamiento, disminuye la comunicación en la familia e, incluso, se dedica menos tiempo al estudio o al verdadero descanso. Y los contenidos de la red, el “chatear” o el mismo correo electrónico pueden convertirse en el centro de su vida.

Quien está conectado muchas horas, sea navegando, y sobre todo, chateando o enviando mails, no está solo. NUNCA. El chateo y mail implican un otro con quien se entra en contacto.

Este fenómeno no disminuye la comunicación en la familia, a lo sumo expresa el tipo de vínculo que se está teniendo. Es curioso también que se pueda hablar de “verdadero descanso” de modo tan tajante. Descansar es tanto dormir como correr, leer, etc.

Como puede deducirse, todo lo dicho son peligros a los que estamos expuestos todos, pero de una manera especial los niños y adolescentes. Especialmente, si disponen del ordenador conectado a Internet en la propia habitación.
Los mayores podemos evitarlos con formación, criterio, orden, autodominio, espíritu de sacrificio y sentido común. Y esa será, precisamente, la manera de ayudar a los más jóvenes.

La deducción es que vivir es peligroso. Internet es un fenómeno global emergente. Los más preparados para entender sus posibilidades son, precisamente, los chicos y adolescentes.

En este terreno los mayores están para aprender y, sobre todo, dar el ejemplo, enseñar cómo se aprende, legitimando a quienes pueden enseñar.

En este caso, los escolares.

Palabras propias en bocas ajenas

No, no es que otros hablen por uno. Ni uno hablando por otros.

Es la recurrente experiencia de leer trabajos universitarios. Académicos en su concepción y vaciós en la ejecución.

He “corregido” (no me gusta el término, pero todavía no encuentro uno mejor) una cantidad de trabajos en lol últimos tiempos. La mayoría referidos a temáticas de comunicación. Pero también de otros tópicos. Una gran diversidad presente en los títulos, y una mayor unidad en las modalidades: unos plagian, otros no dicen nada.

En el primer caso se expresa la concepción de la web como fuente de contenidos. Perdiendo la posibilidad de que se aproveche como insumo informativo, lo cual suena parecido pero es bien distinto. Ctrl + C, Ctrl + V es la norma.

En el segundo caso entran aquellos que no dicen nada. Un discurso vacío que navega por lugares comunes, siempre en el terreno de lo inauténtico, donde se aborda lo que “se dice” del fenómeno, pero nunca se arriesga un “yo digo”. Nadie enuncia. Lo único presente es el ritmo y contenido de elementos que, mas o menos, “quedan bien”.

Las propias palabras existen, de este modo, en bocas ajenas. Lo cual, obviamente, no tiene sentido.

¿Qué distingue estos casos de una estación repetidora? que la estación no se indigna cuando se la define como tal.

Aprendizaje: Angustias y Entusiasmos

La angustia puede ser explicada de muchos modos. Me quedo con el abordaje filosófico de considerar que es la expresión de un vínculo con la nada. La sensación de que eso es lo que hay,  y ni me gusta ni puedo actuar para su transformación. Y si me muriera hoy, es lo que dejaría en el mundo, y peor aún, lo que dejaría de ser (es decir, lo último que fui).

En el ámbito educativo la angustia es la contracara del entusiasmo. Cuando la propuesta de aprendizaje es impuesta no se hace más que ofrecer a un alumno (en pleno proceso de iluminación, pero jamás a iluminar por el educador) la experiencia de la imposición de facto.

Una consigna de aprendizaje enrola, no enrola o es indiferente. La primera incluye al estudiante en la acción, la segunda lo niega, la última lo olvida.

La educación clásica religiosa negó; la moderna le fue irrelevante. Es ahora que resulta necesario que lo nuevo se distinga. Ese modelo de aprendizaje ya está siendo, aunque todavía se lo vincula al futuro más que a presentes..