El sentido y el devenir

Creo en las casualidades. sin dudas. Específicamente creo que todo lo que pasa es azaroso y que nada hay en nuestro hacer que afecte el devenir de ciertas dimensiones. Aquellas que escapan nuestro control. No dudo que en otras dimensiones podemos ser causales, es decir, ser la causa de que  ciertos eventos existan (hacerlos pasar) y liderarlos para un algo elegido por nosotros.

Pero en última instancia, el rango de acción es limitadísimo. Y siempre estamos dentro de un caos absoluto. Es un caos anónimo e innombrable. Lo que no podemos nombrar angustia.

Ahora bien, no pienso que las casualidades no tengan sentido. No por ser causal las cosas no significan. De hecho, lo único que nos queda por hacer ante lo azaroso es nombrarlo. Semantizarlo. Darle sentido/s.

Se abren dos puertas:

La primera nos dice que el nombre que ponemos es absoluto. Esto pasa tanto por ser ciegos a lo caótico como por pretender validar la propia mirada. Es muy común observar gente cuya lógica es “sé que la verdad no existe; hay libertad de expresión; defiendo mi verdad por ser tan válida como las otras”. Y esto es muy razonable, en el sentido de que hay una razón razonando que explica el para qué de una acción. De esto se desprende que el nombre de lo azaroso que Yo enuncia es objeto de defensa. Si una verdad debe prevalecer, que sea la propia.

Son modernos, tal vez los últimos. Son mayoría. No incluyen que la mayoría no se valida per se sólo cuando la minoría que cada uno es es legitimada por la doxa. La mayoría es fundamental y fundamento, pero nadie es la mayoría en sí misma, ella es una idea. Podemos sentirnos parte y vincularnos con una mayoría, pero nadie lo es por más votos que tenga; ser votado no implica pensar por el votante, sino asumir responsabilidades ante él.

La segunda puerta no nos dice lo contrario, sino que pretende completar. Eso azaroso que pasa apenas lo entiendo, un apenas que incluso es ambicioso. Pero entiendo que el acto de nombrarlo me abre la posibilidad de actuar más seguro. De ahí que semantizo y, en el mismo acto, estoy a la pesca de contradicciones (la paradoja alimenta) que permitan nutrir de sentido eso sentido.

No hay desprendimientos, sino emergencias. No hay una idea de la cual caiga y se deduzca nada. Hay eventos, aislados y solitarios , que nos muestran un sentido que empieza a aparecer. La diferencia entre el desprendimiento y la emergencia es que del segundo soy responsable.

Un cambio de paradigma implica que esto sea parte de la doxa ciudadana. Una doxa que es muy parecida a la presente, pero que comprende que antes que cualquier conocimiento, hay un tipo de ser que conoce y un tipo de conocimiento que es capaz de producir.

Ese ser que entiende que entender significa. Por lo que ante la experiencia de lo casual, que es mucho más constante que cualquier otra, se está ante una posibilidad de significar. Crear sentido que de sentido a lo que, en apariencia, es mera casualidad.

¿Hay razones para la esperanza?

Edgar Morin es un pensador complejo que estudia, precisamente, la complejidad. Es por eso que no conviene rotularlo.

Este es un recorte de su artículo “Elogio de la metamorfosis”

“La orientación despliegue-repliegue significa que el objetivo ya no es fundamentalmente el desarrollo de los bienes materiales, la eficacia, la rentabilidad y lo calculable, sino el retorno de cada uno a sus necesidades interiores, el gran regreso a la vida interior y a la primacía de la comprensión del prójimo, el amor y la amistad.

Ya no basta con denunciar, hace falta enunciar. No basta con recordar la urgencia, hay que comenzar a definir las vías que conducen a la Vía. ¿Hay razones para la esperanza? Podemos formular cinco:

1. El surgimiento de lo improbable. La victoriosa resistencia, en dos ocasiones, de la pequeña Atenas frente al poderío persa era altamente improbable, pero permitió el nacimiento de la democracia y la filosofía. También fue inesperado el frenazo de la ofensiva alemana ante Moscú, en el otoño de 1941, e improbable la contraofensiva victoriosa de Zhúkov, iniciada el 5 de diciembre, que vendría seguida, el 8, por el ataque de Pearl Harbour y la entrada de Estados Unidos en la guerra.

2. Las virtudes generadoras-creadoras inherentes a la humanidad. Al igual que en todo organismo humano adulto existen células madre dotadas de aptitudes polivalentes (totipotentes) propias de las células embrionarias, pero desactivadas, en todo ser humano, y en toda sociedad humana, existen virtudes regeneradoras, generadoras y creadoras durmientes o inhibidas.

3. Las virtudes de la crisis. Al tiempo que las fuerzas regresivas o desintegradoras, las generadoras y creadoras despiertan en la crisis planetaria de la humanidad.

4. Las virtudes del peligro. “Allá donde crece el peligro, crece también lo que nos salva”. La dicha suprema es inseparable del riesgo supremo.

5. La aspiración multimilenaria de la humanidad hacia la armonía (paraíso, luego utopías, después ideologías libertaria/socialista/comunista, más tarde aspiraciones y revueltas juveniles de los años sesenta). Esta aspiración renace en el hervidero de iniciativas múltiples y dispersas que podrán alimentar las vías reformadoras destinadas a confluir en la vía nueva.”

Nota completa: elpais.com