10 valores científicos

de Ramón Núñez Centella

  1. Curiosidad. La ciencia se basa, ante todo, en un insaciable deseo de conocer y comprender, que se puede manifestar de muchas formas; por ejemplo, en la búsqueda de datos complementarios y de su significado en cada situación. Albert Einstein sintetizó como nadie la necesidad de curiosidad: «Lo importante es no cesar de preguntarse cosas».
  2. Escepticismo. La ciencia promueve la búsqueda y exigencia de pruebas, y la evaluación continua del conocimiento con espíritu crítico. En ciencia se ha de cuestionar todo y es imprescindible la honestidad, pues tarde o temprano se impone la realidad de los hechos.
  3. Racionalidad. Entendiendo como tal un respeto a la lógica, así como la necesidad de considerar antecedentes y consecuencias de cada fenómeno analizado. Es la base para buscar causas y motivos de los fenómenos. Por ejemplo, la persona racional no es supersticiosa.
  4. Universalidad. Es decir, que lo que es válido para uno es válido para todos, independientemente de la raza, la religión o la cultura. La ciencia y la tecnología constituyen un elemento común a las culturas del mundo, pertenecen a toda la humanidad.
  5. Provisionalidad. Es una característica esencial del conocimiento científico. Aunque pueda resultar incómodo, debemos incorporar ese hecho como un valor, frente a esquemas de certeza, permanencia e inmutabilidad. Este es un punto crítico, porque a muchas personas les gustan las respuestas firmes, y la incertidumbre es difícil de aceptar. Hemos de acostumbrarnos -educarnos- a convivir con la provisionalidad: «No se llega a la certeza con la razón sino con la fe», nos dijo Guillermo de Occam.
  6. Relatividad. Muy relacionado con lo anterior está la necesidad de matices que necesita una calidad en las afirmaciones. La incertidumbre de resultados, el margen de error, el borde de la indefinición o la frontera son terrenos habituales por donde se mueve la ciencia, y el transitar por ellos nos educa en la comprensión de los niveles de riesgo, el valor de las estadísticas y la capacidad de evaluar a priori el éxito o fracaso de una iniciativa.
  7. Autocrítica. Es esencial en la ciencia el dudar de toda conclusión que uno mismo formula, comenzando inmediatamente a buscarle sus puntos débiles. La ciencia es crítica consigo misma, y también debe estar abierta al escrutinio social, histórico y cultural, tanto por parte de intelectuales como de la sociedad en general.
  8. Iniciativa. La necesidad de revisión continua que tiene la ciencia y la posibilidad permanente de mejorar las soluciones tecnológicas obligan a una actitud de inconformismo y emprendedora, a la valoración y asunción de riesgos en la innovación, asumiendo los ensayos fallidos como pasos imprescindibles y útiles de un proceso.
  9. Apertura. Es decir, la disponibilidad para escuchar y aceptar ideas de los demás, y también para cambiar las propias en función de las evidencias que se nos ofrecen. La apertura es imprescindible para la innovación y para que fructifique la creatividad.
  10. Creatividad. Es clave en la tecnología, para buscar soluciones a problemas divergentes, y para establecer relaciones originales, diseñar experiencias, proponer hipótesis, inventar y diseñar leyes, crear modelos, teorías, aparatos, mecanismos, procedimientos, métodos…

vía microsiervos y @schuschny

Ciencia y Creencia

Encuentro en yoriento un gráfico que hacía rato no veía.

Es un buen modo de enseñar lo que distingue una mente que vive en el mundo de una que pretende apoderarse de él.

El pensamiento basado en creencias se sostiene mejor en una existencia vacía de lo nuevo. No hay sorpresas, incognitas o misterio. Es un devenir que deviene en soledad.

Lo científico, por el contrario, está expectante a todo aquello que rompa las interpretaciones hegemónicas. Nada más apasionante que un evento singular que requiere un replanteo de todo lo conocido. Hay sorpresas, incognitas y misterios; y mucho más: entusiasmo, pasión, creatividad, etc. Es un devenir que construye complejidad, no existe en la negación de la alteridad, sino en su búsqueda.

Que las creencias se tienen que respetar es un lugar común. Eso no se discute. El punto es comprender que el respeto es eso que sucede cuando las diferencias no se ocultan, sino que emergen.

Es común escuchar a quienes “creen” negándose a conversar del contenido de esas creencias, como si fueran los únicos que viven en el mundo y pretendieran que la diversidad no converse con ellos. Explican un mundo compartido ninguneando la voz del otro y de lo otro.

El desafío, ético para mí, es participar (abrir la boca: decir) en aquellos espacios donde las creencias se muestran bajo el paraguas de este respetar arbitrario.

Ese escenario sería de un auténtico convivir (vivir-con).