Rafael Echeverría y la Ontología del Lenguaje

El discurso de la Ontología del Lenguaje es clave para interpretar la experiencia humana. Rompe con la deriva metafísica para observar desde una perspectiva posmetafísica.

La deriva metafísica es el modo automático en que Occidente viene interpretando el fenómeno humano. Lectura automática que, como tal, no observa ni cuestiona sus presupuestos. De este modo no logra observar que su ceguera en la fuente de sus propios fantasmas. Es metafísica toda mirada que pone el fundamento del ser y  hacer en un plano trascendente al cual se desarrolla la experiencia humana. En algún otro lugar habría otra realidad que es más real que esta que sentimos ahora.

La interpretación posmetafísica pone el fundamento en cada uno. Apostando a realizar lo que Nietzsche adelantó: hacer de la vida humana una obra de arte. Siendo cada uno el autor y protagonista de su propia historia.

La metafísica habla de dioses, creencias,  sujetos históricos y clases sociales.

La posmetafísica habla de deseos, inquietudes, encuentros, subjetividades.

Es importante resaltar que no se trata de un diferendo entre teorías. Lo que hay entre ambas es un salto de paradigmas. Por lo tanto la mirada posmetafísica logra contener en su explicación a la metafísica, lo cual no sucede a la inversa.

Rafael Echeverría es el autor a consultar sobre este tema. Recomiendo toda su obra y en especial  ‘La Ontología del Lenguaje‘ y ‘Por la Senda del Pensar Ontológico

Genial Bolaño

Iñaki Echavarne, bar Giardinetto, Calle Granada del Penedés, Barcelona , julio de 1994.

Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, aunque otra Crítica y otros Lectores poco a poco vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan inacansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de todos los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.

‘Los Detectives Salvajes’. Roberto Bolaño