Innovar es una Ética


Pensemos el innovar por fuera de la teoría y la historia. Sin quedarnos en abstracciones ni ejemplos validados en el diario del lunes. Pensemos el innovar desde la experiencia del innovador, el insatisfecho no patológico que busca completar huecos, que se hace cargo de la diferencia entre su expectativa del mundo y el mundo donde realmente vive.

Muchos ven de ese modo, pero pocos actúan. La voluntad de arrojarse a lo real de cabeza es compleja. Requiere un evento fundante, chispa de lucidez que transforma nuestro logueo en el mundo.

La innovación aparece como un Big Bang. Explota de pronto en el universo íntimo de alguien. No podemos diseñar los dónde, cuándo y cómo. Shift Happens.. de pronto.

Sí podemos nutrir nuestra existencia de complejidad: preguntar por default; interrogar por deporte; aceptar entusiasmos culturalmente incorrectos; pasar la red de la curiosidad y ver qué sale. Acopiar caos hasta que, en algún momento, se haga la luz.

Innovar es un modo de habitar. Una estética de la existencia. Implica un placer en el Ser y Hacer por fuera de lo establecido. Encarnar la vanguardia para ser partero del sentido común emergente. Armonizar pasado-presente-futuro en una intención productiva.

Lograr coherencia en la existencia es distintivo del Homo Eticus. Más allá del juicio ocasional que hagamos sobre acciones concretas. Aprender de Nietzche que todo lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal.

Innovar es una ética que exprime la moral. Aunque para otros sea una tortura.

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