Retorcidos derechos humanos


por Alfredo Leuco (Diario Perfil, 27/03/2010)

Ernesto Sabato tiene 99 años y no quiere que su cadáver sea utilizado políticamente. Su voluntad es que su velatorio se realice en el club de sus amores de su Santos Lugares. Ultimo deseo: despedirse de este mundo rodeado por la humildad de una barriada obrera. Este testimonio inédito es parte del conmovedor retrato fílmico escrito, dirigido y coproducido por su hijo, Mario Sabato.
Sabato morirá sin saber que “un insolente”, como dijo Julio Strassera, hace cuatro años cambió el prólogo del Nunca más, esas dos palabras que recorrieron el mundo cargando de orgullo a los argentinos y que quedaron instaladas eternamente en la memoria colectiva. Mario Sabato confesó que no quisieron amargarle la vida y por eso nunca le dijeron que Eduardo Luis Duhalde, como responsable de los derechos humanos en la era K, “corrigió” un hecho histórico con un nuevo prólogo porque consideraba que el redactado por Sabato abonaba la teoría de los dos demonios.

Mario Sabato fue testigo de cómo Ernesto “se desmoronaba de angustia” cada noche, cuando volvía a su casa tras escuchar y procesar los testimonios del horror genocida. “En esa época no era tan fácil como ahora. El infierno estaba allí, en nuestras narices. Ni Menéndez ni Bussi usaban pañales para gerontes”, tiró Mario por elevación a las actuales autoridades.
Los oportunistas que sobreactúan lo que no hicieron en su momento, los que hacen alardes de coraje por cazar dinosaurios en el zoológico y los que trafican con los días más sangrientos de los argentinos siguen envenenando el debate público maduro que este país necesita y merece.

Magdalena Ruiz Guiñazú, la periodista más creíble de la Argentina que integró la Conadep (en la que el peronismo se negó a participar), confirmó que le iniciará una querella a Hebe de Bonafini porque la acusó de ser “vocera de Martínez de Hoz”. Fue su manera de bendecir las delaciones televisivas infames realizadas desde el canal K que se emiten por pantallas oficiales y paraoficiales financiadas con dineros públicos. Los autores materiales de los ataques mediáticos brillan por su ignorancia y el autor material, el que da la orden de apretar el gatillo, es Néstor Kirchner.

En aquel momento, Bonafini dijo: “El texto de Sabato es una mierda. Nuestros hijos no eran demonios, eran revolucionarios, guerrilleros maravillosos y los únicos que defendieron la patria. Entiendo que algunos de la derecha estén muy ofendidos y los progres también”. El jueves, otra vez con el aparato de movilización y difusión oficial detrás, Hebe volvió a expresar su balance sobre lo que pasó y pasa en la Argentina. Con el puño en alto y el poncho rojo dijo estar dispuesta a dar la vida por el proyecto de Néstor y Cristina. También rescató como “lo mejor que nos pasó” la masacre de Trelew, en 1972, cuando fueron fusilados 16 presos de organizaciones foquistas tanto de origen marxista como peronista “como una muestra de unidad revolucionaria”. Finalmente, convocó a mirar “sólo Canal 7 y escuchar Radio Nacional o la Radio de las Madres y alguna otra”.

El sectarismo furioso y blindado muchas veces, como las patrullas perdidas de la insurrección armada de los 70, conduce al aislamiento del ciudadano común y a vivir en un micromundo que certifica y nunca cuestiona esa creencia de que se está hablando en nombre del pueblo en general y de los trabajadores en particular. Esa presunta vanguardia no hace otra cosa que incrementar el desinterés y el rechazo de las grandes mayorías despolitizadas en un tema fundante como es la defensa de los derechos humanos y fragmenta hasta el infinito a las entidades que hace años vienen luchando por ese digno objetivo.

Los que resisten a todo tipo de autoritarismo y levantan las banderas democráticas deberían proponerse aumentar y masificar el interés y la conciencia sobre estos valores entre los ciudadanos de a pie y no achicar sus perspectivas dejando el tema en manos de unos pocos miles de lúcidos y esclarecidos.
En el mismo sentido, el secretario Eduardo Luis Duhalde chicaneó a la jueza María José Sarmiento. Su frase no tuvo demasiada repercusión. Pero en conferencia de prensa le dijo que “si tiene miedo, debe ir al psicólogo”. Es alarmante que alguien que ha sufrido en carne propia la persecución y el exilio y que como funcionario tiene la misión de extirpar los temores en la Argentina haya tenido esa reacción burlona.

Norma Morandini también fue exiliada y víctima de la dictadura, como Duhalde. Tiene dos hermanos desaparecidos, militaban en la Jotapé y se llamaban, increíblemente, Néstor y Cristina. Además, su madre lideró en Córdoba la lucha por la verdad, memoria y justicia y la acompañó con su pañuelo blanco en la cabeza en el momento en que Morandini juró como senadora. Ella suele plantear un tema provocativo y de gran profundidad humana. Dice que los argentinos ya probamos que supimos y pudimos defender los derechos humanos de las víctimas del terrorismo de Estado. Y agrega que ahora es tiempo de demostrar que también somos capaces de defender los derechos humanos de los victimarios. De aplicar los castigos y las condenas necesarios, pero de evitar cualquier tipo de actitud revanchista.

La jueza Sarmiento expresó sus temores y esa demanda no debió ser descalificada. No hay peor materia prima que el miedo para construir una sociedad más justa y democrática. El “mago de la picana”, como se bautizó al coronel Luis Sarmiento (padre de la jueza), debe ser enjuiciado dentro de la ley que los genocidas les negaron a quienes asesinaron salvajemente con la maquinaria estatal. Merece castigo y condena por las atrocidades que cometió. Pero no se puede castigar a la hija por el delito de portación de padre. Y no debe ser motivo de una respuesta socarrona y sobradora porque exprese sus temores.

Hace poco, el senador Luis Juez también confesó que sentía miedo ante lo que consideraba una operación sucia de los servicios de inteligencia del Gobierno para involucrarlo en un tema de corrupción. Responsabilizó al propio Néstor Kirchner por la vida e integridad de su familia. El periodista Luis Majul contó con lujo de detalles todas las precauciones que tuvo que tomar cuando escribió el libro que sintetiza las sospechas de corrupción del gobierno de los Kirchner. Otro periodista, uno de los más respetados, fue escrachado violentamente y amenazado en un lugar público y me confesó lo que su madre le dijo una noche entre lágrimas: “Tengo miedo de que te maten”. Ni hablar de las escuchas ilegales, la ciberpatota K, los insultos desde el poder y la militancia y las persecuciones impositivas.

Aparecen sensaciones de alerta frente a un peligro. Así se define el miedo. Es una asignatura pendiente y una factura que este gobierno deberá pagar ante la historia. No es motivo de burla. Y mucho menos de psicoanalista. El centenario Sabato nos enseñó que este país esta construido sobre héroes y tumbas.

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